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Componer no es difícil, lo complicado es dejar caer bajo la mesa las notas superfluas
Johannes Brahms

Sonoridades

Un ejercicio de supervivencia
por Alejandro Feijóo


Si a cualquier hincha de Red Hot Chili Peppers le dieran a elegir una situación ideal no se alejaría mucho de la actual: nuevo álbum, nueva gira y nuevo integrante. ¿Se puede pedir algo más? Sí, que papá y mamá no se divorcien nunca, pero la vida es así de dura, muchacho. Y más después de tanta década encima, unos años ochenta tumultuosos, unos noventa tumultuosos y brillantes, y la menos tumultuosa década siguiente, la de recogida de beneficios. Ahora, dicen, toca resurrección, renacimiento.

Los californianos nunca habían estado tanto tiempo (desde Stadium Arcadium, 2006) sin grabar canciones originales. Y para mayor vacío por el camino se les quedó John Frusciante, que igual no era el alma de la banda pero sí un tipo con tanta música dentro que tiene más discos solistas que los que cuenta la banda a la que ya no pertenece. Al parecer el divorcio fue incruento. Tanto que el lugar del marido lo ocupa ahora el amante, Josh Klinghoffer, un guitarrista amigo de Frusciante y colaborador del grupo, al que apoyó en directo en algunos temas de las últimas giras. Un amigo de la familia.

I’m With You es el resultado de este nuevo modelo familiar, un disco con 14 canciones elegidas entre varias docenas de composiciones que quedaron fuera. El partero de la criatura volvió a ser Rick Rubin, el productor responsable de un sonido que vuelve a ser reconocible. Porque si algo tiene de nuevo este disco es lo que en él hay de viejo. La voz de Kiedis vuelve a sonar clara (esperemos que también lo haga en directo); Flea no solo sigue siendo el más pepper de los peppers sino que su crecimiento como compositor le da más peso específico en la banda, y la base de Chad Smith sigue inscribiéndose en la categoría de impecable.

Que Klinghoffer no es Frusciante se suponía. Y el hecho de que no quiera parecérsele es casi la mejor noticia del disco. Su estilo es decididamente más sutil, lejano de los espectros hendrixianos de su predecesor. Una presencia un poco residual que de tanta sutileza se acerca a veces a la ausencia. Como si sus nuevos compañeros de banda le hubieran dicho: “OK Josh, mantente un paso atrás, ya te avisaremos cuándo destacar”. Escuchando a Klinghoffer resulta difícil no referenciar a la anterior ausencia de Frusciante, porque para muchos One Hot Minute (1995) es uno de los mejores discos del grupo, aunque sus integrantes, con Kiedis a la cabeza, renieguen de la época, de Dave Navarro y de aquellos excesos. Un odio a pesar del cual será difícil borrar canciones como “Warped” o “Coffee Shop”.

Como debe resultar ya notorio, es más lo que rodea al disco que lo que el disco deja por sí. “Monarchy of Roses” lo abre con un aire (precisamente) muy “Warped”. Hay temas que remiten (un poco vagamente) al espíritu del Blood Sugar Sex Magik, como “Factory of Faith” o “Goodbye Hooray” y otros que parecen descartes de Californication (“Police Station”) o By The Way (“Happiness Loves Company”). África se deja oler de lejos en “Ethiopia” y “Did I Let You Know”, y hasta aparecen los Rolling Stones en “Meet Me at the Corner”, un “Waiting on a Friend” pasado por la licuadora pop de estos RHCP de espíritu renacentista.

Con I’m With You los RHCP parecen haber recuperado algunas señales vitales sin llegar a la remisión completa de la enfermedad. Es cierto que al principio algunas canciones parecen un chicle enroscado en el dedo. Pero la sensación es que a medida que avanza la escucha, el disco va ganando poso. En resumen, no es lo que un creyente esperaría de una resurrección pero tampoco defraudan. Y aunque no es precisamente un álbum conceptual (no siempre sabes qué calcetín va con cuál) la variedad de registros es una lluvia de verano. Por primera vez, los RHCP tienen dónde elegir.

I’m With You | Warner Bros. Records | 2011

 

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20 niñas bonitas 20
por Van Gogh i Tyson

A pesar de su pasado cercano, la plaza de Sant Felip Neri es uno de mis sitios preferidos del barrio gótico de Barcelona. Una de sus caras (las plazas europeas suelen estar rodeadas de muros) es la fachada  de la barroca iglesia de Sant Felip Neri, construida a mediados del XVIII. En ella pueden verse las huellas de los bombardeos que, en 1938 a manos de las aliadas alas de Mussolini (las mismas que junto a Picasso venían de hacer  posible el Guernica en el ‘37), se cobraron 42 víctimas al desplomar con sus bombas el techo del refugio subterráneo en el que se guarecían niñas y niños republicanos procedentes de Madrid.

Paseaba bajo las altas y florecidas tipas que rodean su fuente una tarde de fines de junio cuando al oir “¡Ole tus tetas, niña bonita !”, me encuentro con una vieja gitana que con los brazos en jarra, el vientre tirao pa’lante y los hombros hechados pa’tras recitaba un requiebro a mi no tan niña, pero si tan bonita –del resto del piropo no comenta un caballero– acompañante. Desde entonces cada vez que escucho la expresión “niña bonita” mi maltrecho disco rígido importa la imagen de esa vieja matrona y me aleja de las evocaciones reñidas con la ley que naturalmente suscitan en un varón las jóvenes que aun no han cumplido la mayoría de edad.

Algunos años después, en otra plaza del mismo barrio, la de la Catedral, vuelvo a encontrarme con gitanos, víctimas de la guerra civil y niñas bonitas. Fue durante las fiestas de la Merce y sobre el escenario estaban Morente, Lorca y las más de 20 integrantes del coro El Misterio de las Voces Búlgaras y los Lagartija Nick.

Del homenaje a Garcia Lorca a manos de Enrique Morente y las Voces Búlgaras  queda el registro de la Virgin de 1999 : “Lorca-Morente” , de esa placa los invito a escuchar “Campanas por el poeta”, más la yapa de “Ciudad sin Sueño ” de su anterior disco (“Omega”) donde junto a los Lagartija Nick musicalizan Poeta en NY (1929-30).

Espero les guste. Buenas Noches.

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Astronomy for Dogs | The Aliens
EMI | 2007


Un buen día, tres de los integrantes de la interesante The Beta Band decidieron irse por las ramas y formaron The Aliens. Y, como era de esperar, lanzaron al espacio un manifiesto musical al que llamaron Astronomy for dogs, título que provoca una curiosa simpatía. A quienes no sean cultores de los tempos agitados y veloces, les costará entrar en la coraza de este disco pero bien vale la pena el intento de sobreponerse a los prejuicios auditivos para dejarse llevar en un viaje que tiene paisajes frenéticos, espaciales, lisérgicos, frontras con el ruido, una argamasa intensa de divertidas y brillosas canciones pop; paseo que incluye los remansos de las canciones de amores que no son (She doesn't love me), horizontes de caminos (Caravan) y fiesta, fiesta, fiesta (Happy Song). Si el perro astrónomo de la tapa es una apelación al perrito de la RCA, la música de The Aliens amplía las evocaciones y nos acerca a pensar en qué otra música es posible, dentro del supramundo rock & pop, sino aquella hecha de recortes, retazos, superposiciones y relecturas de lo que se ha venido escuchando desde los años '60 en adelante. Astronomy for dogs es, afortunadamente, un claro exponente de ese modo -precisamente- de componer, con el agregado de que suena, sin lugar a dudas, dentro de los límites de su tiempo.

Escuchar Rox

 

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Home is where the Music is | Hugh Masekela
Blue Thumb Chisa | 1972


Músico atravesado por los sonidos de la cultura de su Sudáfrica natal, Hugh Masekela es un gran trompetista negro que, en 1961, emigró hacia los Estados Unidos. A la edad de 22 años, empujado por la radicalización de la violencia del apartheid, hizo las valijas y transformó su exilio en una música poderosa, la cual puede ser entendida como fusión, pero que adquiere más vuelo y fuerza cuando no se la encorseta. Cinco años después de su desembarco, fundó el sello Chisa en el cuál publicó su disco The emancipation of Hugh Masekela, más cerca de la declaración de principios que del simple título de un álbum. Otros seis años más pasarían hasta que llegara a conformar un quinteto que condensaría sus mixturas; una formación en la que sumó cuatro músicos excepcionales: dos sudafricanos y dos yanquis, entre los que se destaca el portorriqueño de nacimiento y neoyorquino por adopción Eddie Gómez, virtuoso contrabajista que fuera uno de los pilares del trío de Bill Evans por más de una década. Con estos pichones de músicos, forjó este gran disco en el que las virtudes naturales de cada quien confluyen en un todo superador de las individualidades, y a los que hay que sumarles, como resultado, composiciones inteligentes, relecturas poderosas de otros autores, brillos adecuados de enorme calidad y unos destellos furiosos que no ahcen sino decirnos de ese background histórico del cual Masekela no reniega pero que tampoco expone ni penosa ni obscenamente.

Escuchar Inner crisis

 

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El Club del Disco
por Javier Martínez


En el año 2009, Beck tuvo una, original o no, gran idea: formar el Record Club. Club musical cuyo objetivo es juntarse a, placenteramente, tocar un disco entero, con músicos amigos, grabarlos en el lapso de un día, sin ensayos previos, y dejar un registro visual del suceso extraordinario. Y, como corresponde, como el californiano es el que lleva la batuta del asunto, recrea (sin más intenciones que lo lúdico y experimental de cada encuentro) sus discos favoritos. Sin planes previos de hacia dónde ir, el camino del Record Club es tan improvisado como carente de tiempos y obligaciones.

 


Con la presencia de ese grandísimo productor que es Nigel Godrich (el integrante de Radiohead del otro lado de la consola y responsable de los discazos Mutations y Sea changes del propio Beck), el compañero cientista y actor Giovanni Ribisi, la cantante islandesa Thorunn Magnusdottir y Brian LeBarton, director musical del señorito Beck, se decidió el puntapié inicial del proyecto: The Velvet Underground and Nico. Disco clásico si los hay dentro del rock, el orginal contó con la famosa banana dibujada por Andy Warhol en la tapa.

 

 

 


Toda serie tiene, necesariamente, un elemento que sucede al primero y fundacional. Por eso, no soprende que la elección del segundo álbum al que abordar sea Songs of Leonard Cohen, del estupendo escritor y cantante canadiense, que acaba de ganar, a los 76 años, el Premio Príncipe de Asturias. El álbum original vio la luz en 1968 y es considerado uno de los mejores que produjo Cohen y una de las piedras angulares del rock. Con la presencia de Devendra Banhart y los MGMT, Beck encaró esta versión de uno de sus discos de cabecera.

 

 

 

No hay dos sin tres, por supuesto. Así es como le llegó el turno a uno de los mejores discos de la psicodelia: Oar, de ese fundante diamante loco llamado Alexander Skip Spence (ver reseña en nuestro número 11). Quizás sea éste el autor el que más cerca se encuentra del mismísimo Beck y viceversa. Armando una inusitada constelación de texturas musicales,la relectutra de Oar, el canto del cisne de Spence, fue abordado por Jeff Tweedy, líder de Wilco, Jamie Lidell y la cantante canadiense de folk Leslie Feist, conocida por su apellido a secas.

 

 

 

La cuarta edición de Record Club se acercó en el tiempo a nuestra época y es, ni más ni menos, que el anclaje en el exitosísimo Kick, sexto disco de INXS, que vendió más de 10 millones de copias en EE.UU. y que contiene uno de los temas emblemáticos de la banda: New Sensation. Para esta excursión por el sonido de los autralianos, Beck contó con la presencia musical de la cantante texana St. Vincent, los neoyorquinos Liar y le brasileño Sergio Dias, integrante de esa banda icono que fue Os mutantes.

 

 

 

Yanni es un tipo raro. Y que hasta el momento sea el último de la saga no deja de aportarle un pequeño rasgo a la rareza y de situar al proyecto al borde del despiste. Aunque reniega a medias de la etiqueta new age que lleva sobre sus hombros, el pianista griego hace rodar su música por melodías alegremente elevadas, voces celestiales, orquestaciones impecables... El disco que Beck, Thurstone Moore y los Tortoise eligieron fue el único grabado en la Acrópolis griega, acontecimiento que, cuanto menos, nos hace mirarlo con respeto.

 

Saber si la reconstrucción del griego fue el último eslabón o no del Record Club es algo que compete a Beck y los suyos. En el mientras tanto, hacerse unas excursiones por estos experimentos es ir al encuentro de algunos buenos momentos y una nueva oportunidad para escuchar las grabaciones en su formato original. No para sacar conclusiones, sólo por el puro placer de escuchar música.

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Breves


Ana Carolina es una cantante y compositora brasileña cuya vida parece estar soldada al quehacer musical femenino. Nacida en Minas Gerais en 1974, se crió en una casa donde las mujeres se dedicaban a cantar, tocar cuerdas y percutir. Esa genética sonora es lo que la cantante mostró al mundo en su disco debut y homónimo que, aunque un tanto desparejo en sus resultados, contiene un par de perlas que harán las delicias de los escuchas y que prefiguran su mejor socio musical: Totonho Villeroy, responsable de Tô saindo, el tema elegido, cimiento de un disco nominado al Grammy y que puso en evidencia la gran voz y las posibilidades expresivas de Ana Carolina.


El mundo es un poco menos lindo con la ausencia de Lhasa de Sela sobre la faz de la Tierra. Multiétnica por definición, publicó en 1997 su primer disco, La llorona, que vendió la friolera de 400 mil copias. Con una increíble voz que provoca mágicas y arcaicas reminiscencias, siempre al borde de sí, siempre más allá de sí; con canciones que entraman el folklore mexicano, la música klezmer, el concepto de canción folk, el rock y vaya a saberse cuántas cosas más; con unas letras ásperas y conmovedoras, construyó un universo musical único. De cara a la pared es a la vez mascarón de proa, portal de entrada y huella imborrable de ese maravilloso disco debut.


La británica Pauline Taylor es más conocida por ser una de las voces de la banda Faithless que por su propia carrera solista la cual, no exenta de aciertos estéticos y comerciales, no ha tenido la expansión pública que podría tener. Diáfana y clara, su voz tiene una textura aterciopelada y una riqueza a la cual expone en una justa medida y sin excesos. Grabada en 2005 Solo flying mistery man es parte de su álbum A simple life, disco autogestionario que la cantante publicó sin sello editorial, a nombre propio, a su propia costa. Costa a la que nos lleva de paseo para que podamos admirar, no sin sorpresa, paisajes bellos y tersos, como un buen sueño...

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Video sorpresa


En los últimos tiempos se han ido algunos de esos que dejaron su marca en la historia simbólica de la Humanidad. Uno de ellos es el recientemente fallecido Jerry Leiber, letrista de la dupla con Mike Stoller, quienes son los padres de temazos como Hound dog o Jailhouse rock, que escribieran para que Elvis Presley los llevara a la cima de la fama. A modo de despedida, elegimos otra de las grandes producciones de la dupla, Satnd by me en la versión multi-todo que hicieran los muchachos de Playing for Change, convocando a músicos profesionales y callejeros, a los que Leiber les ha legado parte de sí.

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