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Un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros.
Franz Kafka
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ENEUR La sublevación, de Franco Berardi
por Diego Singer

Un extraño artefacto ha acompañado el crecimiento y la expansión del capitalismo desde sus inicios. La subjetividad burguesa ha encontrado en él no solamente un modo de formación y educación adecuado a su modo de existencia, sino también un medio idóneo para expresar lo que ocurría en el teatro de su conciencia individual. Atravesado por la maquinaria de Gutenberg desde sus comienzos, el libro ha sido nexo privilegiado y constituyente entre la interioridad de un sujeto autor y la exterioridad en la que habitan otras conciencias. El modo en que el libro es exhibido y ofrecido en el mercado da cuenta de su carácter de fetiche: ocultado el proceso de producción, las manos que tipean, diseñan, corrigen, traducen e imprimen, no se distinguen de las anónimas máquinas a través de las cuales se da cuerpo al libro. Y el objeto se presenta con un valor asociado al nombre que es el absoluto propietario simbólico del artefacto terminado; el libro es del autor. Aún hoy el cliché de la subjetividad triunfante no se completa sin “escribir un libro”. ¿Cómo lograr entonces romper con esta lógica de apropiación individual, si entendemos que es el cuerpo colectivo el que continuamente produce sentidos? ¿Cómo agrietar los modos de producción cosificantes y a la vez poner en práctica nuevos modos del hacer y del compartir? ¿Cómo habitar y componer un libro de tal forma que sus páginas no dejen de vibrar con las fuerzas múltiples que lo atraviesan? ¿Cómo maquinar otro libro?

Este es el desafío que afrontó de manera peculiar Hekht Libros, un colectivo al que el lugar común de “editorial independiente” le queda chico y le queda mal; en todo caso, un batracio de múltiples brazos que se tambalea sobre el lomo de un tigre, con un pequeño y singular catálogo que vale la pena explorar. Prepararon así lo que denominan un “libro estenopeico”, una máquina distinta en la que la sensibilidad y el tiempo de exposición determinan el resultado, implica un proceso de producción colectivo y cooperativo recorrido por afectos diversos que conforman un cuerpo en el que el libro se gesta. En sus palabras: “Porque no hay diferencia entre aquello que dice un libro y el modo en que está construido hay que contar que cada palabra de este libro fue hecha por una legión deseante”. Pero ¿qué es lo que dice el libro, este libro en particular del que estamos hablando sin haber dado hasta ahora sus señas identitarias? Se trata de una serie de textos e intervenciones del filósofo italiano Franco Berardi, más conocido como Bifo. ¿Sobre qué? Sobre lo que está sucediendo en Europa en los últimos años, que no es, ya lo sabemos, una simple crisis económica, sino la emergencia de una gran crisis política que estaba en ciernes, pero estaba obturada porque “la prosperidad era un buen sustituto de la democracia”.

¿Qué encontramos entonces en este libro? ¿Qué encontramos en La sublevación? Para comenzar, un prólogo muy lúcido de Diego Sztulwark que abre perspectivas intelectuales y conexiones locales. La exploración que realiza Bifo es a la vez una análisis diagnóstico del presente y una apuesta por lo por venir. El modo de intervención sin tecnicismos permite que las proclamas se entrelacen mucho más allá de los claustros académicos. Y el enemigo es el orden neoliberal; no es necesario que expliquemos aquí los motivos. Se trata de una sublevación que ya está sucediendo, a la cual no hay que llamar porque se está realizando, que no hay que guiar, porque no se pretende conducir a un rebaño. “La insurrección europea está en el terreno de lo inevitable. El problema no es organizarla, se organiza por su cuenta. El problema es imaginar el éxito, construir instituciones que hagan posible la autonomía de la sociedad de la catástrofe imparable de la economía capitalista”.

En estos días, luego de las elecciones europeas, algunos comentarios de Bifo sobre los peligros de un resurgimiento del fascismo son más que elocuentes. Frente a la innegable crisis de las democracias representativas, el llamado es a organizar el “intelecto general”, a darle un cuerpo y a permitir la circulación de solidaridades hasta ahora fragmentadas. Para eso es necesario pensar y practicar por fuera de los tiempos de la maquinaria productiva financiera. Desviar las fuerzas de la automatización que reduce todo lo producible a lo intercambiable, ahora más allá del mercado de bienes y servicios, en tanto la producción contemporánea es ante todo semiótica. “El movimiento es la activación de incontables singularidades que se retiran del ritmo estandarizado de la vida cotidiana y buscan crear una esfera colectiva que no esté sometida al ritmo de la máquina y del dinero”.

Para comenzar lo que ya está iniciado, para sumarse, para entrelazarse en medio de esa sublevación que sucede, tenemos ya un libro, este libro, con máscaras de colores en la tapa e incontables singularidades que fugaron y crearon algo afín a lo que Bifo está describiendo. Insistimos: ya está sucediendo. Es cuestión de lanzarse allí, en medio del lugar donde sucede la pérdida de esa cotidianidad y comenzar a constituir ese cuerpo colectivo.

hekht libros ¬ 2013