INDICE
Prefiero los viejos maestros, es decir, John Ford, John Ford y John Ford.
Orson Welles
ENEUR_DOSSIER
¬
32
Newsletter

Suscribite a ESTO NO ES UNA REVISTA. Es sólo un click.

Redes
Miradas
ENEUR
Othelo, de Gabriel Chame Buendia
por Andrea Barone

Según su director –de cuyo hacer venimos disfrutado desde las inolvidables épocas del Clú del Claun–, cuatro actores, especialistas en el teatro físico, el clown y el burlesco, interpretan –magistralmente, deliciosamente– la famosa tragedia de Shakespeare: Othelo. En una puesta despojada, con cubos, telas, anteojos, una multifuncional barba de utilería y no muchos elementos más, dan cuerpo y recrean esta tragedia en clave de absurdo; con magia, pasión, y también, como corresponde, con sangre y sudor.

La obra va tomando cuerpo y va creciendo con el trabajo, la plasticidad y el disfrute en escena de Matías Bassi (Othelo); Julieta Carrera (Desdemona, Bravancio, Montano y Bianca); Hernán Franco (Yago y el Duque); Martín López Carzollo (Rodrigo, Casio, Emilia y Ludovico). En una interesante tensión entre lo desopilante e hilarante y lo dramático, se juegan las palabras del maestro Shakespeare, impresionantes y conmovedoras. Chame Buendía hace una apuesta por el buen uso y el poder versionar, sin quedar esclavizados de esos textos que han hecho historia.

Gags cómicos entrecruzados con las pinceladas poéticas y la densidad oscura de los celos y las traiciones; la opacidad de venganzas y tramas siniestras en tensión con lo claunesco y lo payasesco; la trivialidad de alguna frase de actualidad y el uso de elementos tecnológicos operan una suerte de subversión, de puesta al día de las tramas argumentales, sumamente actuales, actualizadas, con toques de ironía y de convocatoria a la presencia de lo siniestro; instantes de silencio trágico que provocan risas cortadas, que piden un corte, un pedido de chiste ante tamaña densidad. Un punto justo para reírse y conmoverse; inquietarse, preguntarse y reflejarse; espejito, espejito, dime de celos, traiciones, muerte y venganza ahora, ya. Absolutamente imperdible.

 

Monólogo de Otelo - Acto V

¡He ahí la causa! ¡He ahí la causa, alma mía!... ¡Permitidme que no la nombre ante vosotras, castas estrellas!... ¡He ahí la causa!... Sin embargo, no quiero verter su sangre, ni desgarrar su piel, más blanca que la nieve, y tan lisa como el alabastro de un sepulcro. Pero debe morir o engañará a más hombres.- ¡Apaguemos la luz, y después apaguemos su luz! Si te extingo, agente de la claridad, y me arrepiento en seguida, podré reanimar tu primitiva llama; pero una vez tu luz extinta, ¡oh, tú, el modelo más acabado de la hábil naturaleza!, no sé dónde está aquel fuego de Prometeo que volviera a encender tu luz. Cuando haya arrancado tu rosa, no podré darla de nuevo su potencia vital. Necesariamente habrá de marchitarse. (Besando a Desdémona.) ¡Quiero aspirarla en el tallo!- ¡Oh, aliento embalsamado que casi persuade a la justicia a romper su espada! - ¡Uno más! ¡Otro aún! ¡Quédate así, cuando estés muerta y te mataré, y acto seguido volveré a amarte! ¡Otro más! ¡El último!... ¡Nunca beso tan dulce fue tan fatal!... ¡Fuerza es que llore!... Pero son lágrimas crueles... ¡Este dolor es celestial; hiere allí donde ama!- Se despierta.