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El dinero está siempre ahí, lo que cambian son los bolsillos.
Gertrude Stein
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ENEUR En la red: DIXI (He dicho)

Los compañeros de la revista DIXI (He dicho) ocupan en este número la sección destinada a la presentación de publicaciones de las que nos gustaría ser amigos.

Preguntar por los porqués a menudo conlleva el peligro del aplazo –primero indefinido, después definitivo– de iniciativas surgidas como reacciones violentas (e intuitivas) al statu quo. Si tenemos que sincerarnos, DIXI (He dicho) no fue el producto de un plan concebido con nueve meses de anticipación. La publicación no procede de un estudio de mercado, ni de un análisis sosegado y sensato de la “factibilidad del proyecto”. Asumir lo contrario sería negar una historia que nos enorgullece: DIXI (He dicho) nació en el peor momento de la última crisis general del país con la única intención de ofrecer resistencia a un contexto de pesimismo y desesperación.

Las fundadoras teníamos 20 años y, pese a que nos esforzábamos en parecer seguras, estábamos tan desorientadas como nuestro entorno. ¿En qué momento se había ido todo al diablo? ¿Debíamos buscar un futuro en el extranjero? ¿Cómo salir de la parálisis? ¿Qué mensaje había oculto en la devaluación, el “corralito” financiero, la sucesión de presidentes, los saqueos, los “cacerolazos” y las muertes por desnutrición? Pero el interrogante que resume las inquietudes de aquella época espantosa estaba vinculado a la sensación de fracaso del materialismo que promovió la hoy denostada década de 1990. ¿Qué nos quedaba cuando las seguridades económicas se habían esfumado por completo?

Vimos una respuesta en la palabra y, en la cultura, un ámbito de contención espiritual al alcance de nuestras manos. El Tucumán de diciembre de 2001 pedía a gritos un espacio de expresión que se ocupase de contar las historias que pasaban inadvertidas en el tumulto de la crisis.

DIXI (He dicho) fue un acto de sensibilidad. Queríamos escribir y queríamos leernos. Queríamos exponernos al diálogo. Queríamos una publicación abierta, plural, secular, capaz de dar cobijo a las plumas nuevas y emergentes, y de divulgar los fenómenos culturales con una perspectiva local. Queríamos que la revista tuviese una distribución gratuita para que el dinero, ese bien escaso y esquivo –cuya posesión coloca a la gente en los territorios enfrentados de marginación e inclusión–, no fuese obstáculo para la lectura.

Nos miraron con la condescendencia que se dispensa al adolescente rebelde que quiere cambiar el mundo. No nos importó la incredulidad ajena. Nos aferramos a los que nos tendieron la mano. En marzo de 2002, después de pasar por la inverosímil tarea de vender los avisos publicitarios de una revista todavía inexistente, llegó la primera DIXI (He dicho) con un concepto editorial empeñado en huir del sectarismo y la endogamia que suelen condenar a las revistas culturales.

Cada edición fue concebida como si fuese la última. Nunca nos propusimos perdurar 12 años ni publicar 35 números (el 36 está en camino). Hemos atravesado por etapas de zozobra sin caer al abismo. En algún momento, DIXI (He dicho) adquirió autonomía y madurez.

Crecimos con cada tropiezo, ganamos la preciada experiencia sosteniendo el pabellón de la independencia –jamás recibimos financiación pública– y, número a número, procuramos renovar el diseño (en blanco y negro, los colores de la crisis), ampliar la circulación, y aprovechar los beneficios de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Jamás nos detuvimos en la búsqueda de un contenido de calidad. Jamás cerramos la puerta abierta a nuevos colaboradores de Tucumán, el país y el mundo; para muchos de ellos, DIXI (He dicho) ha supuesto la posibilidad de publicar un texto por primera vez.

Nuestra revista es un gesto de esperanza. Nada nos gobierna salvo el amor por la lengua de Jorge Luis Borges y de Miguel de Cervantes. Parida en medio de la precariedad, DIXI (He dicho) ha demostrado vocación por la continuidad. En esa insistencia tenaz, se ha ganado un lugar digno en la divulgación de la cultura a la que pertenece.
Los autores (¡más de 100!) y lectores (más de 2.000 en la edición impresa y hasta 5.000 en la digital) se han adueñado de ella. Y enhorabuena porque toda publicación que aspire a influir en su comunidad de referencia vive, vibra, suda y progresa en la dinámica de escritura y lectura que justifica su existencia.