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Los grandes perseguidores se reclutan entre los mártires a quienes no les han cortado la cabeza.
Emil Cioran
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ENEUR Traducir, reescribir, editar: Mme. Bovary y los haikus
por Javier Martínez

En los momentos en que el formato libro se encuentra en un proceso de revisión y revalidación por parte de la cultura digital, hay editoriales que ponen la ficha en el casillero de hacer de sus ediciones un novedoso acercamiento a las traducciones de textos como forma de reescritura. Si bien es algo inevitable e inherente al proceso de traslado de un texto de una lengua a otra, durante mucho tiempo la traición traductora tuvo como foco lograr un resultado final que fuera fiel al original. Quizá el primer cisma fue literalidad vs. relato; donde la rigidez del acercamiento formal de la lengua dio paso a la invención del traductor. Como todo paso, como todo camino, ha dejado aberraciones al andar. “Si leíste la traducción de Fulanito, no leíste Moby Dick”, me dijo el Negro Nigra una tarde en la que, entusiasmado, le conté que había terminado de leer la novela de Melville en su versión completa. Fue llegar a casa, ir a la biblioteca y buscar el ejemplar para constatar que el traductor en cuestión no era del que había abjurado mi amigo. Con el tránsito de los años y la lectura, el colmo de lo nocivo en las licencias que se toman los traductores fue la edición de Anagrama del poemario La melancólica muerte del Chico Ostra, bestiario oscuro ¿nacido? de la pluma de Tim Burton, donde por la mano tendida, el traductorejo se tomó el codo y, ya que rimaba, creó un personaje inexistente en la vasta galería burtoniana. Muy alejado de estos ejemplos tristes, se encuentran dos ediciones de 2014 que, más allá de la obra que traducen, son un trabajo sobre la reescritura que toda traducción lleva implícita, a sabiendas de que así es.

La tapa lo dice y no es necesario mucho más: los haikus que componen el volumen son versiones de Arturo Carrera. El libro reúne las maravillosas miniaturas que salieron de los pinceles de Basho, Issa, Buson, Taigi y otros nombres que resonarán a quienes se hayan adentrado en el mundo de los haikus. Si el lector desprevenido abriera el libro sin leer la nota introductoria del versionador y recopilador, lo sorprendería la grafía de los poemas, por fuera de la estructura de diecisiete sílabas que componen los versos de 5, 7 y 5 respectivamente. Entonces, muy probablemente, rebobinaría hacia el inicio del libro ya que alguna razón debe de haber para darle un mazazo a esa estructura tan nipona. Es en la elección de esa ruptura en la que se basa el prólogo de Arturo Carrera, donde afirma que demolió la simetría ritmada a favor del ritmo que, a su entender, en el español es más fiel a la esencia del haiku que la obstinación por preservar la forma. Y su herejía va más allá: confiesa haberlos traducido del francés y no del japonés. Con un doblete que deja sin efecto cualquier esperanza de literalidad, los poemas siguen sosteniendo ese pulso de trazo sobre el instante que tanto se reclama de ellos. La impersonalidad, la volatilidad, la captura de lo inmediato, la mezcla entre lo kitsch y lo infantil que puede endilgárseles, siguen siendo el núcleo duro de la razón de ser de estas epifanías literarias que, traducciones, versiones y rupturas mediante, no cejan en su tremenda belleza.
Haikus de las cuatro estaciones
Interzona - 2014

Celebrar una nueva edición de Madame Bovary es celebrar una fija, un número cantado. Si la novela de Gustave Flaubert ha tenido innumerables traducciones es porque estamos frente a la presencia de un clásico indiscutible. Y desde allí parte la necesaria introducción de Jorge Fondebrider para su traducción de la novela que inauguró la narrativa contemporánea, citando a Jorge Luis Borges y su concepción de qué es un clásico en la literatura: “[...] No es un libro escrito de cierto modo, sino leído de cierto modo; cuando leemos un libro como si nada en ese libro fuera azaroso, como si todo tuviera una intención y pudiera justificarse, entonces, ese libro es un libro clásico”. A partir de allí, Fondebrider navega unas aguas más agitadas y peligrosas: ¿cuál es la necesidad de una nueva edición de un clásico? Y reubica su trabajo: esta nueva edición de Madame Bovary pretende dar cuenta de un notable modo de leer el clásico de Flaubert. Si las lecturas y relecturas, si las reescrituras y la vasta producción alrededor de, están al alcance de la mano, pues es menester hacer buen uso de ellas. El resultado dependerá, una vez más, del lector que evaluará, según su camino hecho, si esta versión es más pulcra, más ajustada, más novedosa, más actual, no dejando nunca de tener como faro la primera traducción que le llevó estas costumbres de provincia a sus manos. Y si acaso fuera la primera, emprenderá el viaje a Ruan de la mano de muchos años y lecturas que atraviesan la notable versión de Fondebrider.
Madame Bovary. Costumbres de provincia.
Eterna Cadencia - 2014