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ENEUR Pájaro de fuego: La rueda de la fortuna + Be Bop Club
por Javier Martínez

“Este tema tiene que estar en nuestra próxima fiesta”. La frase, oída en el Be Bop Club hace poco más de un mes, mientras Esteban Sehinkman y su banda Pájaro de Fuego presentaban el último disco del pianista, es un buen punto de inicio para arrimarse a la nueva mutación que este gran músico nos propone. Y es verdad: el track Mr. JZ bien podría ser parte de una playlist de un DJ poco convencional que explore (y haga explorar) caminos novedosos y sinuosos; como algunos otros que terminan de armar un mapa de topología cambiante como lo es La Rueda de la Fortuna.

Primera mutación: el trío conformado por Sehinkman, ese mago de los parches y platillos que es Daniel “Pipi” Piazzolla y un bajista sólido, virtuoso y ajustado como lo es Matías Méndez, se alza como cuarteto con la incorporación de Nico Sorín, una suerte de Tarzán polifacético al mando de los sintetizadores. Transformación nada menor ya que la impronta de una formación clásicamente jazzera como el trío de teclas, bajo y batería, deja el lugar para que los sonidos electrónicos se cuelen en los intersticios de las inquietas composiciones de Sehinkman.

Segunda mutación: si el trío es al jazz, Pájaro de Fuego es a una música ecléctica, que va a los saltos de un lado al otro, incluyendo sobresaltos, golpes sonoros, aristas afiladas, pases de hipnosis que ponen en trance a quien guste escuchar. La cuestión de género se diluye, como las acuarelas sobre el papel, para enredarse en una paleta de colores que no por explorada deja de dar sorpresas. Las etiquetas empiezan a mezclarse y a perder su sentido de ser, de nominar.

Tercera mutación: Pájaro de Fuego fue el disco previo a La Rueda de la Fortuna, cuando el trío era trío y el cuarto en cuestión tenía el estatus de músico invitado. Ahora Pájaro de Fuego es el motor que ingesta el talento de estos cuatro músicos y le devuelve al público un sonido florido, pleno de colores vibrantes. Con esos materiales y con un disfrute por hacer música que respiran sobre el escenario, terminan de completar un paisaje único, propio; una lengua de notas y tempos, de tonos y volúmenes que colman las expectativas más exigentes.

Cuarta mutación: La discografía de Esteban Sehinkman tiene un componente extramusical que se destaca cuando uno tiene cualquiera de sus discos en la mano: el criterio gráfico con el que el pianista logra envolver sus creaciones. Ya desde el temprano La espuma de los días, el que dio inicio a la serie, en el que el fuera de foco y los colores presagiaban el por venir que inauguró Búfalo, continuó con El sapo argentino de boca ancha y llegó estridente a La Rueda de la Fortuna. En ese camino, en su último disco el nombre propio del artista le da paso al del colectivo creativo, ya que es indudable lo que cada uno de los tres que lo acompañan aportan al resultado final. Sin embargo, Esteban Sehinkman está allí, sobrevolando encendido los cielos de la experimentación, dándonos un motivo más para esperar la próxima vez que se suba a un escenario o que conduzca los hilos invisibles de un nuevo disco.

 

La La rueda de la fortuna ¬ 2014
Mr. JZ