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Los colores son amigos de sus vecinos y amantes de sus opuestos.
Marc Chagall
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ENEUR Francofonía
por Ma. Teresa Avellaneda

Cuando Alexander Sokurov realizó el Arca Rusa, una de las obras del arte cinematográfico en que la técnica tiene un lugar central, la dirección de la cámara recorría la historia y el arte de Rusia en una única toma, un largo plano secuencia. Seguramente ese enorme trabajo de producción tenía una intencionalidad: un continuo, un flujo unidireccional, una corriente que transcurría y así capturaba nuestra atención en una tensión de una sola cuerda, el espectador era parte de las escenas, era convocado como un elemento más por este recurso, se lo refería explícitamente para que se incluyera en la misma, toda la belleza del Hermitage que el director ponía ante sus ojos estaba toda presentada ante él, sólo había que dejarse llevar por el viaje.

La maestría de Sokurov recurre a nuevas herramientas y esta vez produce un film sin una linealidad. Con Francofonía nos propone el trabajo de terminar de construir la película, al modo en que los pintores cubistas nos ponen a trabajar cuando nos enfrentan a la simultaneidad de sus diferentes planos. No hay una linealidad, un punto de fuga en el que confluye la obra, hay que poner de uno para armarla. 

Francofonía es una propuesta en la que varios planos se presentan sucesivamente, varios planos que abordan un tema central desde varios ángulos, mezclados, pero todos presentes; sólo que el elemento temporal del cine presenta los puntos de vista sucesivamente y no simultáneamente, aun así, el espectador tiene que leer los planos y ponerse a construir el tema central de la película a través de un episodio de la Segunda Guerra Mundial en el que dos hombres de bandos diferentes: el conde Franziskus Graf von Wolff Metternich a cargo de la protección de las obras de arte del Rhineland y la Francia ocupada por el ejército nazi y Jacques Jaujard director de los Museos Nacionales de Francia se interesan por lo mismo: las obras de arte alojadas en el Louvre. ¿Las paradojas de la historia de la humanidad? ¿La nobleza y la miseria del hombre?

Sokurov superpone muchas líneas de abordaje: la humanidad como un barco en una tormenta, la guerra como mar embravecido en el que un barco con su carga de arte es conducido por un capitán que no puede responder por cómo va a terminar la travesía, lo azaroso que mete la cola en el destino de lo que atesoramos, el orgullo, la soberbia, la estupidez pero también, la templanza, el manso coraje y la decencia. ¿Qué dirían Tolstoi y Chejov de todo esto, convocados en retratos fugaces? Sokurov mismo aparecería como un personaje preocupado, expectante, un Velázquez pero de hoy. El y nosotros somos testigos de la historia de Francia: la República y el Imperio, los ideales de una nación, lo que hace su grandeza, su valor cuando las papas queman. Qué queda cuando el mar se calma. Como en la vida.

Una invitación de Sokurov que vale la pena aceptar.