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El verdadero signo de inteligencia no es el conocimiento, es la imaginación
Albert Einstein
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Maldito Winnie

Monstruos en la literatura, hay muchos. Pero que, a partir del entramado íntimo, un oso amarillo devenga en tal, no es cosa habitual. Ese es el caso de Winnie the Pooh, el famosísimo urso surgido de la pluma de A. A. Milne y cuya fama y pregnancia en el público lector hicieron que tanto el animal como el niño amigo que lo acompañaba terminaran por dinamitar cualquier aspiración literaria de su creador. Un punto de partida interesante es la autobiografía de Milne cuyo título, nada sugestivamente, se titula “Ya es demasiado tarde”.  La referencia, sin duda, es a no haber medido la magnitud de su creación ni la elección del nombre de su hijo, Christopher Robin, para nominar al niño dueño del simpático osito; como tampoco haberse retirado a tiempo: cuando Alan Alexander quiso cambiar el rumbo de su pluma literaria, lo que obtuvo fue el rechazo de los lectores. Atrapado en la trama de su creación, nada, ni siquiera su paternidad, volvieron a la senda de una felicidad soñada.

Todo comenzó en 1914, doce años antes de la primera aparición de Winnie the Pooh en formato libro, cuando Harry Colebourn, capitán del Cuerpo de Veterinaria del Ejército Canadiense, fue notificado para incorporarse al frente de batalla en Francia, en los albores de la Primera Guerra Mundial. En ese momento, decidió cruzar el Atlántico con una osa cuyo nombre era Winnipeg y que dio lugar a la mutación simplificada con la que el oso de ficción pasó a la inmortalidad. Como era demasiado ir con una osa a combate, el capitán Colebourn decidió donarlo al Zoológico de Londres, donde vivió durante más de cuarenta años. Fue en ese lugar donde el Christopher Robin de carne y hueso decidió cambiarle el nombre a su oso de peluche, dando el puntapié inicial a una historia que rompería récords de venta y que haría saltar por los aires la armonía familiar y los sueños de posteridad de su padre y los suyos propios.

Para 1926, A. A. Milne trabajaba en la redacción de la revista Punch. Junto a E. H. Sheppard, caricaturista político de la publicación, le dieron forma al mito literario infantil: tomando el nombre de su propio hijo, construyó una serie de relatos que lo ubicaron en el efímero cielo de la fama; el mismo que mutó en infierno cuando quiso sacar los pies del plato de la literatura infantil. “Dejé de escribir libros para niños. Quería escaparme de ellos como quise una vez escaparme de Punch; como siempre quise escaparme. En vano.”, escribió en sus memorias. En parte empujado por su deseo de escribir sobre lo que le viniera en ganas, en parte eclipsado por la figura de su hijo, a quien los lectores no discernían del Christopher Robin de ficción, en parte gracias al enorme parecido que Sheppard le imprimió a las ilustraciones de los libros de su padre; en parte por haber participado en presentaciones y lecturas de los libros del urso amarillo. Cuatro años más tarde, en 1930, el niño fue enviado aun internado en el que forjó, soportando las pesadas bromas de sus compañeros, un odio visceral por el personaje homónimo, por el oso de los cuentos y por su padre. Y si algo le faltaba a una historia de devoradores y devorados, era la aparición de Walt Disney para perpetuar, por muchos años más, la figura regordeta y bonachona del bueno de Winnie.

Puchero de Dios
por El Conejo Editor

Hay gente que la vio llorar. Hay gente que la vio llorar sangre. Hay quienes aseguran que apareció en medio de la niebla, en una mancha en la pared, en una roca, en el nudo de un árbol. Hay cosas que no se ven todos los días y una de ellas es a la afamada Virgen María. Pero lo que aseguran los Aguirre, matrimonio poseedor de una carnicería en la provincia de San Juan, roza con lo deforme y se mete de lleno en el limo de lo bizarro: afirman sin dudar que la figura que vieron en un corte de osobuco es la mismísima madre de Jesús de Nazaret. La aparición, certificada por una amiga del sorprendido matrimonio, ha agitado el avispero de la fe de la familia: en un momento de declive económico, toman la aparición como un buen augurio. "No puedo garantizarlo, pero sería la primera vez en que la Virgen María se aparece en carne y hueso", dijo un clérigo local que prefiere permanecer en el anonimato, mientras consulta con las altas autoridades de la iglesia qué hacer en caso de que al señor carnicero se le ocurra efectivizar su deseo de que el trozo de osobuco sea bendecido.