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Uno siempre espera grandes aventuras, grandes intensidades existenciales, y cuando mira hacia atrás se da cuenta de que en realidad no pasó nada. La literatura es un modo de transformar esa nada en algo.
César Aira
ENEUR_DOSSIER
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ENEUR Madre noche, de Kurt Vonnegut
por Javier Martínez

Si hay escritor de este mundo que sea capaz de construir un relato que incluya el humor sobre tragedias universales como la guerra y el nazismo, ese es, fue y será Kurt Vonnegut. Con su implacable acidez, su solidez narrativa y su siempre inquietante filo moral, construye el relato autobiográfico de un escritor norteamericano  que, por cuestiones del azar, se convierte en la voz de la propaganda del III Reich.

Howard Campbell, cuyas novelas traducidas al alemán le valieron el reconocimiento del público tiene las condiciones necesarias para convertirse en un doble espía: la confianza de los alemanes y la necesidad de los yanquis. A partir de esa articulación, a sabiendas de estar expuesto a un devenir indeseado, fuere cual fuere el resultado final de la guerra, se constituye en una voz que propala nazismo y sus planes de expansión mundial, mientras que, en esas sesiones radiales, con silencios, toses y ruidos arma un relato codificado para los aliados.

Como en muchos otros casos, el final de la guerra y el escape de la justicia inmediata, le dio al doble agente la posibilidad de perderse en el mundo de entonces, menos globalizado; de armar una supuesta nueva vida que le permitiera ocultarse en la visibilidad de lo cotidiano. Será años después, siempre por esas cuestiones de lo azaroso, que su doble pasado volverá a llamar a su puerta; momento en que la novela alcanza su máximo esplendor a través de un entramado en el que rusos, yanquis, nazis, guerra fría, doble moral, traiciones, espionaje, escapes y personajes insólitos y desopilantes orquestan una narración que toca lo brillante, lo trágico e hilarante, en la que guerra/paz, amor/odio y otros opuestos son vehículos de la sátira. Todo esto matizado con el único y verdadero deseo de Campbell: su vida con su amada Helga; su única patria posible; su único y auténtico lugar en el mundo, sin el que la vida carece de sentido. Ese punto irreductible y duro será a la vez su flanco débil en un mundo en el que las cosas son lo que aparentan ser; un mundo que no olvida y que pide justicia, aun cuando esta sea parcial, incompleta y arbitraria, apenas un espejismo de lo que se supone que debería ser. Un mundo que, tal cual cita convenientemente la editorial, tiene su espejo en las propias palabras de Vonnegut sobre Madre noche: “Esta es la única novela mía cuya moraleja conozco. No creo que sea una moraleja espectacular, es solo que sé cuál es: somos lo que fingimos ser, así que debemos tener cuidado con lo que fingimos ser.”

LBE ¬ 2016