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Si me cortan las dos manos, compondré música sosteniendo la pluma con mis dientes.
Dimitri Shostakovich
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Anton Bruckner
por Javier Martínez

De carácter apocado, de una extrema simpleza intelectual basada en una férrea creencia en Dios y una propensión al “sí-bwanismo” fácil, Anton Bruckner (Austria, 1824-1896) fue un gran compositor romántico que quedó diluido en las sombras de monstruos como su amado maestro Richard Wagner, Johannes Brahms, Frantz Liszt y su propio alumno de armonía, Gustav Mahler. Fue esa misma forma de andar por el mundo, tímida y anacrónica, la que también propició que reescribiera en varias ocasiones las que han sido sus obras más personales: sus ocho sinfonías completas y la novena, pospuesta e inconclusa al momento de su muerte, en pos de los retoques que le fueron “exigidos” para las anteriores.

Nacido en una familia campesina de Austria, su padre era maestro de escuela y organista en la iglesia local y fue el primer contacto del niño Anton con la música, la que abordó de forma autodidacta; aunque luego accedió a los estudios formales que sostuvo hasta sus cuarenta años. Si bien la música y la docencia le fueron transmitidas al punto de hacerlas propias, sus refinadas creaciones sinfónicas, misas y motetes religiosos le hicieron ganarse lugares que ningún otro de sus colegas más descollantes lograron, como el reconocimiento académico y la silenciosa adjudicación de haber sido el responsable de pulir definitivamente la sinfonía como composición.

En un ambiente musical en que las tensiones entre los románticos ponían a los compositores en lo alto del podio o en la picota, Bruckner llevó todas las de perder. Objeto de burlas por su forma de ser, cuando los románticos aumentaron la brecha poniendo de un lado a Wagner y del otro a Brahms, el buen Anton le dedicó su estupenda Tercera Sinfonía al creador del concepto “obra de arte total”, ganándose los ataques más feroces y demoledores de la crítica antiwagneriana que encontraba en él un blanco fácil.

Su obra sinfónica le aportó a la teoría musical la reformulación definitiva de la forma sonata, empleada habitualmente en los primeros movimientos sinfónicos, que fueron introducidos por Wolfgang Amadeus Mozart y Jospeh Haydn, para ser desarrollados in extremis por Ludwig van Beethoven, de gran influencia estética y musical en la obra de Bruckner. La diversidad de familias de instrumentos usados en sus orquestaciones, la torsión de la armonía romántica, sus tiempos laxos y dilatados en conjunción con explosivos clímax, el uso virtuoso del contrapunto y la belleza melódica de su música son razones más que válidas para sumergirse en un recorrido que proponemos sea hecho en forma diacrónica para poder capturar el continuo crecimiento composicional y la creciente amplitud tímbrica de un creador único.

Anton Bruckner "Symphony No. 3"
Berliner Philharmoniker, 1980
Director: Herbert von Karajan