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Si me cortan las dos manos, compondré música sosteniendo la pluma con mis dientes.
Dimitri Shostakovich
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Video sorpresa x 2

En tiempos de ofertas y descuentos, salimos con un 2 x 1 de video sorpresa.

Recién salidos de la cárcel, los hermanos Jake y Elwood Blues arrancan con todos los pies izquierdos su camino para salvar el orfanato en el que crecieron. Así terminan, por enésima vez, sobre un patrullero pero, en este caso, en los asientos delanteros. En el auto de la policía llegan a la puerta de la iglesia a la que, según Jake, deben asistir si quieren la redención. El “Bullshit” que recibe como respuesta de su hermano es la antesala de una de las tantas inolvidables escenas de esa estupenda comedia de 1980, plagada de participaciones de los más grandes músicos de blues que son la esencia de la música del dúo. El Reverendo Cleophus Brown, a cargo del pater del soul James Brown, con su vestimenta púrpura, le pone al film poco más de dos minutos vibrantes en el que la música sacude los cuerpos de los actores y de los que estamos del otro lado de la pantalla con la poderosa The Old Landmark.

Y si de góspel y púrpura se trata, nos resulta inevitable acompañar este doble video sorpresa con uno de los mejores fragmentos de El color púrpura una atípica película de Steven Spielberg en la que narra la desventurada y tortuosa vida de Cecille, a cargo de una debutante Whoopi Goldberg. Contra muchas lógicas de la posesión, tanto del cuerpo como del alma, sobre las que discurre la película, será Shug, la amante del esposo de Cecille, la que le dé a esta última una llave a una posibilidad que se escapa de las garras afiladas del destino. Si bien el tiempo parece agotarse en el dolor, las vejaciones y la sumisión, el círculo se corta con la siempre sana esperanza de la redención. Claro está, hablamos de Hollywood donde lo que se cuela por fuera del molde feliz no suele ser bien recibido. Aún a pesar de la industria, en la escena de la iglesia, en la que Shug entra a ponerle color y brillo, así en la ropa como en la música, a la iglesia de su propio padre, en un espiral de redenciones, descolla la muñeca musical de Quincy Jones, otro artífice de lo mejorcito del mainstream.