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Un cuadro no se acaba nunca, tampoco se empieza nunca, un cuadro es como el viento: algo que camina siempre, sin descanso.
Joan Miró
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Londaibere: adiós al maestro
por Ma. Inés Barone

Hace poco tiempo atrás, el jueves 11 de mayo, levó anclas Alfredo Londaibere -Londaitzbehere-, atravesó todos los paisajes de este mundo sobre la Tierra y se despidió de nosotros, para conquistar la eternidad.

Hombre sensible, prontamente dedicó su vida al arte, proyectándose desde entonces en el panorama del campo artístico. Inició su trayectoria en la década del ochenta, y exhibió sus primeras creaciones en bares y discotecas del circuito under porteño que estaban en boga por aquellos años.

Se expresó a través de los variados canales de las artes visuales, para recalar fuertemente en la pintura. Aunque se autodefinió como pintor, recorrió el terreno de la cerámica, la escultura, el dibujo, el collage. Diversos fueron sus campos de indagación y despliegue artístico.

Sus cuadros de motivos florales son una fiesta para los sentidos. Sus flores vibrantes motivan el gozo de la mirada. El colorido de sus pinturas es intenso y rico en matices y texturas. Su meticulosidad para el tratamiento de la imagen y la materialidad de su pincelada son características de sus obras florales. Varias piezas a la vez ocupaban su atención y sus pinceles.

Maestro generoso y perceptivo, supo guiar el camino de sus alumnos tanto en el Centro Cultural Ricardo Rojas como también en su taller, ubicado en el barrio de Villa Crespo. Acompañaba a cada uno en su particularidad, orientando con sutileza el quehacer creativo de sus alumnos y alumnas.

La generosidad de un maestro y la talla de un artista son marca de su persona; muchas fueron las muestras de afecto y pesar que la comunidad artística expresó ante su partida. Recorrió su camino, su Tao, con la mirada sensible.

A él le dedico esta flor, con afecto y agradecimiento.

El azul mira a Yves Klein

La muestra del plástico francés Yves Klein en la Fundación Proa no sólo fue una delicia de color y experimentación en sí misma sino que, vacaciones escolares de invierno mediante, se convirtió en el eje de una actividad para familias, poniendo énfasis en contar y dialogar con los niños y sus adultos acompañantes para terminar jugando con lápices, stickers, cartulinas y crayones. Dando lugar a la palabra y a las construcciones de los que suelen ser espectadores, Ana y Noemí, a cargo de guiar al grupo por los devenires del pintor, le dieron un plus que hizo que todos salgamos contentos y son una sonrisa que bien podría estar reflejando el eléctrico azul Klein.