Editorial
 
 

La historia de la zapatilla ha acompañado al diseño del capitalismo contemporáneo. Nacida a partir de sobrantes de una fábrica de gomas neumáticas, de a poco fue expandiéndose hacia el uso deportivo y cotidiano. En las últimas décadas, aquello que era un símbolo de informalidad y comodidad fue mutando de objeto de uso a objeto de lujo. Si al inicio de la juventud de quienes pasamos la cincuentena la cosa se dirimía entre las Flecha y las Pampero, desde Alemania llegaron las Adidas para meter la cuña del diseño de marca y, por lo tanto, de clase. Luego aparecieron, en la vida cotidiana, otras marcas que fueron afinando la maldita puntería de la exclusión. En la medida en que las grandes marcas de zapatillas fueron ajustando sus diseños a la especificidad de los deportes, los modelos fueron exclusivos; y con ello la construcción de la figura del deportista exitoso, el de la abundancia, el que más tiene, sean títulos o millones. El peor ribete de los modelos específicos para deportistas específicos fue hundir hasta el fondo el escalpelo de la exclusividad, la que deja al resto afuera. Pero como siempre hay un pero, tener esas zapatillas, baby, es la esperanza misma de vivir una migaja de la magia de ese éxito; una fútil promesa de un mundo mejor para quienes el mundo es peor.

Poco después del asesinato de George Floyd, ahorcado con una rodilla por un policía de Minneapolis, las manifestaciones populares de repudio y pedido de justicia y castigo invadieron las calles del gran país del norte. La represión no tardó en llegar, lo que llevó a manifestaciones aún más virulentas en contra del salvajismo policial y político; racista y despreciable. En una de esas tantas marchas de repudio a la policía asesina, se produjo el saqueo de un Nike Store. Un teléfono capturó una larga secuencia en que se veía a la gente salir del negocio con todas las cajas que le eran posibles, con todos los objetos que podía llevar encima, mayoritariamente zapatillas; esas zapatillas que la mayoría de los negros, los latinos y otros marginados de la economía norteamericana no pueden comprar. Que esas imágenes hayan causado, en muchos buenos ciudadanos del mundo, una indignación similar al asesinato de Floyd, es de una brutalidad inconmensurable. Una indignación por el saqueo de esos objetos que, maldito capitalismo salvaje, les son vendidos a los ocasionales saqueadores como el antídoto contra la pobreza que nunca podrán abandonar.

30 de diciembre. 194 muertos y más de 1.400 heridos. Salvo uno, todos murieron asfixiados, envenenados por los gases tóxicos que emanaron los paneles inflamables del techo al impactar la bengala. La Tragedia de República Cromañón puso sobre la mesa, como prueba irrefutable, todo lo que funcionarios y sociedad sabíamos desde hacía años: que los lugares hasta quintuplicaban el número de personas para los cuales fueron habilitados; que las medidas de seguridad no se cumplían; que la mayoría debió estar clausurado por cuestiones de higiene; que los inspectores cobraron por hacer de cuenta de que nada de eso sucedía; que el personal “paramédico” presente podía saber de medicina lo que cualquier otro mortal que ingresara al recinto; que las bengalas pasaron el control igual cuando estaban prohibidas para usar en interiores; que muchos funcionarios públicos y responsables políticos no cumplieron con la misión que la sociedad les encomendó en tanto representantes; que la gente sabía de todas estas irregularidades pero bancaba que sucediera si en ello se ponía en juego ver a su banda favorita; que la Policía Federal aceptaba sobornos para que se incumpliera sin clausura; que Argentina es un país que se horroriza cuando el daño está hecho pero ya se sabía que había comenzado a ser dañada. Eso recuerdan las zapatillas colgando en el llamado santuario de Cromañón. Es la cicatriz de la peor tragedia que el rock haya tenido en el mundo; la predicción autocumplida de que hasta que algo así no sucediera, todo seguiría corrompiéndose; hasta el hueso mismo de la sociedad.

La historia de la zapatilla ha acompañado al diseño del capitalismo contemporáneo. Es hora de andar livianos.

Mi cuerpo es mío
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El rey ha muerto
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Con el desafío y el desparpajo como marcas de nacimiento, Little Richard edificó una carrera inapelable de la cual es deudor todo aquel que pronuncie la palabra rock

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Let's dance!
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La cosa no está para tomar frío. Así que ponete algo en los pies, dale al play y disfrutá del protagonismo que tienen las zapatillas (y calzados similares) en nuestra selección musical de este número.

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Oiga, joven
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¡Corran por su vida!
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Tipo maduro
Bunbury: Posible
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En una muestra de madurez compositiva, el nuevo disco de Bunbury escarba en las probabilidades de lo posible como herramienta de trabajo creativa.

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Hubo un tiempo en que fui hermoso, dice uno, y fui preso de verdad, agrega otro. Y guardaba todos mis sueños en brillosos catsuits, se escucha en el confesionario.

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Pas de deux
Marie Taglioni y las zapatillas de punta
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Marie Taglioni revolucionó el ballet, tal y como se lo conocía hasta entonces, al convertirse en la primera bailarina en usar zapatillas de punta.

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Los libros no muerden
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Los “mientras tanto” no necesariamente han de ser sinónimo de paréntesis ocioso, sino que pueden convertirse en tiempos de fructífera creación

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Que sea al sol
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Tras tanto tiempo mirando de dentro hacia fuera, necesitábamos situarnos propiamente en el afuera y recuperar la visión en lontananza. Convocamos a amigos y lo conseguimos.

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Nada por aquí, nada por allá
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Hoy, que vivimos sumergidos en una pantalla, las huellas cinematográficas adquieren el valor de una biografía mágica por la que transcurre nuestra vida cuando fue vivida por otros.

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Una pinturita
Plástica: Museo Nacional de Bellas Artes

El museo no se rinde y abre las puertas de su virtualidad para que la gente pueda seguir disfrutando de su magnífico fondo de obras.

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Abrazo de gol
Fotografía deportiva

Que la zapatilla está íntimamente ligada a la práctica deportiva, no constituye un secreto para nadie. Que el deporte es mucho más que un par de zapatillas, tampoco lo es.

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Comilona en el cielo
RIP: Michel Piccoli

Dirigido por algunos de los más magníficos monstruos del cine, el actor francés se despidió del mundo a los 94.

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El marinero en tierra
Poesía: Rafael Alberti
por Emilio Fatuzzo

En la búsqueda de poemas para este número, Emilio Fatuzzo encontró una perla de forma inesperada. Como si lo hubiera estado esperando.

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La garra que agarra
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Rumbo fijo
Norte
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Pido la palabra
Poema “enForma”
por Nahuel Sánchez

Cuando vi sangre, mi sangre, por primera / vez / aunque ni por primera ni por última / vez aquella vez como tantas lloré.

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Hasta la vista, Tom
RIP: Tom Lupo

Conductor de radio, psicoanalista y poeta, el amigo Tom Lupo partió en busca de lo que hay más allá del cielo.

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Mejor dejalo así
Vengo a resolver algunos temas
por Gabriel Tuñez

El estruendo de una tormenta resuelve de improviso silencios que no mostraban demasiado interés en ser resueltos

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Vidas que se invierten
Querido hijo
por Sergio Fitte

El encuentro de una madre con su joven hijo viejo revela que los sueños tienen menos probabilidades de ser cumplidos que de ser barridos como un camino de hormigas

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La explosión del siglo
Flechas con pólvora
por Daniel Pereyra

La infancia es ese paisaje en el cual los sucesos transcurren una y otra vez, incluso cuando un amigo nos apunta con un rifle

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Volveré y seré sillones
Blabletas
por Conejo Editor

Desde su refugio subterráneo, foráneo y algo calcáreo, El Conejo Editor vuelve a la carga e intenta ponerse al día con sus célebres entregas acerca de asuntos que solo le interesan a él.

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¿Garaje o taller?
Lazo con un maestro
por Andrea Barone & Guillermo Virues

Un encuentro telemático entre maestro y alumna desata, cual cordón de zapatilla liberado de la atadura, un diálogo que incluye coincidencias onírico-quinielísticas.

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Yo tuve la mejor flor
Migas de coliflor
por Jota G. Fisac

Los medios monopólicos que atentan contra la coliflor encontrarán en esta receta una línea de trincheras desde la cual resistirán quienes creen que otra coliflor es posible.

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Más que arepas y tequeños
Hay hallacas
por Leda Díaz

La autora nos acerca uno de los platos idiosincrásicos de Venezuela a través de una mirada que salta por encima de la receta tradicionalmente entendida.

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Forza Italia
Fatto in casa I: Malfatti de ricotta, espinacas y verdeo
por Javier Martínez

Aunque los malfatti tienen fama de ocupar un lugar indeterminado entre el raviol y el ñoqui, esgrimen con orgullo la autenticidad de sus raíces italianas.

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Hijos del manjar
Fatto in casa II: Ají de gallina
por Javier Martínez

Saber que el ají de gallina peruano comparte genealogía con el dulce de leche puede ser un shock. Seguir esta receta, prepararlo y degustarlo será el comienzo del camino a la gloria.

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