Escritos
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Sobre la utilidad de la literatura
por Nahuel Sánchez

La verdad literaria es necesariamente una verdad alterada por la subjetividad del sujeto escritor y cargada de preguntas a las que solo el arte puede dar respuesta.

La literatura dice exagerando o no dice. Su figura característica es la hipérbole. ¿Qué es una metáfora sino una sustitución/comparación que exagera (otros dirán “enaltece”) lo que dice? ¿De qué hablamos cuando hablamos de oxímoron si no de una metáfora imposible, si sabemos lo que una metáfora implica?

Lo más alto a lo que puede aspirar un escritor no es a la invención de un procedimiento para que otros puedan utilizarlo (como quería Ricardo Piglia); un escritor debe aspirar a la originalidad, a la novedad (como quiere Laura Estrin), a la ausencia de parangón (palabra de Osvaldo Lamborghini). ¿De qué sirven los hijos si el padre sigue intocable como único “guía y salvaguarda” (Rimbaud)? ¿Cuál es la respuesta que muchos críticos-docentes dan a la pregunta de por qué Borges es el mejor? Porque ocupa el lugar que ocupa en el canon: su centro (Martín Kohan); esto es: la influencia. La influencia y la repetición, agrego. Porque la influencia solo construye literatura cuando el escritor asimila sus lecturas y compone una pieza única: con características de, no con la firma del muerto.

¿Y a partir de qué forma (ante todo y ante todos la forma) un texto se vuelve obra literaria? Ante la capacidad inmanente del arte que es el extrañamiento (ostranenie), detectado hace apenas un siglo por el más grande pensador de la literatura: Viktor Shklovski. El extrañamiento es el procedimiento a partir del cual se desautomatiza nuestra percepción de las cosas; nos pone frente al mundo como si lo estuviéramos viendo (percibiendo) por primera vez. Puede pensarse también como un retorno al asombro originario. La idea es recuperar el origen de las cosas, re-crear la novedad, el asombro frente a lo que creíamos “muerto”, “gastado”. La ostranenie/la literatura retrasa la percepción y la renueva; no se trata de una representación sino más bien de una presentación: ver por primera vez y verlo aún más real (“el arte hace que la piedra sea más piedra”, dice Shklovski en el prólogo a su Viaje sentimental). Frente al enamoramiento, no nos dice nada quien nos dice “Estoy seguro de lo que siento pero no sé”; en cambio sí nos dice quién nos dice que la “Alteración [es una] Producción breve, en el campo amoroso, de una contraimagen del objeto amado. Al capricho de incidentes ínfimos o de rasgos tenues, el sujeto ve alterarse e invertirse repentinamente la buena Imagen” (Roland Barthes). La literatura lo dice por primera vez, nos muestra lo real alterado (exagerado), y exagerando (retardando, magnificando) nos pone de cara a la verdad, su verdad: verdad subjetiva del sujeto escritor, única verdad plausible de ser percibida como lo que es, lo real: angustia existencial y desesperación que abunda en preguntas e intencional perece ante la imposibilidad de reconfortar con una respuesta; ¿la respuesta? El arte.